Deslizando el Corazón
Por: Annesdy Tellado
Un match, una descripción,
es lo primero que vi cuando me acerqué.
Mientras fue tu foto,
luego… tu edad.
Lo tengo que admitir:
no me gustan de mi edad —¡grosería!
Luego el saludo:
“¿De dónde eres?”
No quiero más.
La misma rutina,
las mismas preguntas.
¡Ya!
Luego los textos
se transforman en risas,
o en nada más.
Mi corazón quiere más.
Las preguntas comienzan:
¿seremos iguales en persona?
¿Tendremos esta conexión
o luego te irás y mejor me voy?
Tu voz entró a cada
celulita de mi piel.
Te quiero conocer.
Tus fotos me gustan,
tus videos al atardecer,
las películas que compartimos
desde la distancia…
Los besos de emoji que,
ay, dan sin remediar
palabras.
Los buenos días, las buenas noches…
llegó el día.
Te veo llegar.
Eres mejor de lo que imaginé,
mejor de lo que el
celular y los filtros
pudieron esconder.
Me invitas a una copa
de vino y comenzamos
a hablar.
Mis miedos se fueron.
Siento que todavía seguimos
igual.
Nos despedimos con un
abrazo y un beso.
Al día siguiente,
me despierto con un
beso virtual,
con un
buenos días
y con
un like.

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